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Mindset: La actitud del éxito de Carol Dweck, resumen del libro

La actitud del éxito
by The Blinkist Team | Jun 13 2023

En este resumen del popular libro Mindset: La actitud del éxito de Carol Dweck te presentamos las ideas principales de este clásico best-seller.

 

Sinopsis

Mindset: La actitud del éxito (2006) analiza las diferencias entre las personas con una mentalidad fija y las personas con una mentalidad de crecimiento. Nuestra mentalidad determina la forma en la que lidiamos con situaciones difíciles y contratiempos, así como nuestra voluntad para entendernos y mejorar. Este libro nos muestra cómo podemos alcanzar nuestros objetivos si cambiamos nuestra mentalidad.

 

¿A quién está dirigido?

  • Quienes quieran estudiar sobre las diferentes mentalidades y cómo estas influyen en nuestro comportamiento.
  • Quienes quieran aprender a explotar su potencial al máximo.

 

Acerca de la autora

Carol Dweck es profesora de psicología en la Universidad de Standford. Además de Mindset: La actitud del éxito, publicó Las teorías del Self: su rol en la motivación, la personalidad y el desarrollo, y Manual de competencia y motivación.

 

Nuestra mentalidad determina si creemos que podemos o no aprender, cambiar y crecer.

Desde la forma del cráneo hasta el tamaño del pie, las características físicas del cuerpo están más o menos predeterminadas desde el comienzo. Por supuesto que podemos hacernos una cirugía plástica o quebrarnos un hueso, pero, por lo general, los seres humanos tenemos poco control sobre las características de nuestro cuerpo.

Pero, ¿qué ocurre con las capacidades intelectuales y físicas, como jugar al básquetbol, dibujar o resolver un problema matemático? ¿Se heredan o se aprenden? Hoy la mayoría de los científicos están de acuerdo en que, si quieren convertirse en violinistas de concierto, deben tener una predisposición hacia la música, pero también deben dedicar años de su vida a la práctica.

Aun así, hay tantas respuestas a esta pregunta como peces en el mar, puesto que nuestra mentalidad cumple un rol crucial en cómo nos vemos a nosotros mismos y a los demás. En simples palabras, nuestra mentalidad les da forma a nuestras creencias sobre lo que podemos lograr.

Estos dos extremos forman la base del concepto de mentalidad fija y mentalidad de crecimiento. Las personas con mentalidad fija creen que tienen un talento natural para hacer ciertas cosas, pero que son incapaces por completo de hacer otras. En cambio, las personas con mentalidad de crecimiento creen que pueden volverse virtuosas en lo que sea, siempre que se esfuercen lo suficiente.

Entonces, las personas del último grupo crecen constantemente a lo largo de sus vidas, adquieren nuevas competencias sin reserva y participan de forma activa en sus relaciones. Para ellas, todos los aspectos de la vida están en un estado constante de cambio.

Sin embargo, en el caso de las personas con mentalidad fija, a menudo su pensamiento de blanco o negro entorpece su desarrollo. Si fallan en algo, entierran la cabeza en la arena y culpan a los demás. Esperan que el amor sea eterno en sus relaciones, en vez de trabajar en ellas.

Nuestra mentalidad determina si creemos que podemos o no aprender, cambiar y crecer.

 

Las capacidades de una persona están grabadas a fuego en la mentalidad fija.

Las personas con una mentalidad fija creen que el talento es lo más importante. Para ellas, las capacidades de una persona están grabadas a fuego desde el nacimiento; una persona es, por naturaleza, inteligente y talentosa o tonta e incompetente, y así será siempre.

Las empresas grandes como Enron y McKinsey, cuyos departamentos de Recursos Humanos invierten mucho dinero en buscar los famosos estudiantes dotados en las universidades, son un ejemplo de este tipo de pensamiento. Esperan que los egresados contratados potencien el desempeño de la empresa de forma instantánea con sus capacidades extraordinarias. Y, como los egresados son tan talentosos, reciben poca capacitación y no se espera que progresen en sus trabajos ni que crezcan para tomar nuevos puestos.

Como resultado, sus superiores los evalúan de manera constante: ¿estos egresados son realmente tan inteligentes como creíamos o sus errores demuestran la falta de talento para hacer el trabajo?

Las personas con mentalidad fija creen que los empleados que no son perfectos desde el primer día no lo serán nunca; entonces, es mejor despedirlos rápido.

Además, las personas con mentalidad fija creen que solo pueden hacer tareas para las que muestran una aptitud natural; la práctica no hace al maestro. Como estas personas rápidamente se juzgan y juzgan a los demás como buenos o malos en algo, asumen que los demás también las están juzgando todo el tiempo. Por ende, sienten que necesitan demostrar lo talentosas e inteligentes que son cada vez que pueden.

Creen que toda su personalidad está en juego: un paso en falso podría ser suficiente para que los demás las etiqueten como necias e incompetentes de por vida. Buscan la constante aprobación de los demás para proteger su ego y confirmar que son tan asombrosas como creen ser.
Las capacidades de una persona están grabadas a fuego en la mentalidad fija.

 

El crecimiento y el desarrollo son posibles para la mentalidad de crecimiento.

Cuando los niños con mentalidad de crecimiento tienen que resolver un problema matemático difícil en la escuela, asumen el desafío y quieren resolver más problemas como ese en su casa. Reconocen que, mientras más problemas resuelven, más aprenden.

El cielo es el límite cuando se trata de las posibilidades de la vida para los niños con mentalidad de crecimiento. Resulta difícil definir su nivel preciso de inteligencia en el presente y más aún cuál será en un futuro. Sí, sus calificaciones reflejan su estado en un determinado momento, pero estos niños creen que pueden aprender más con trabajo, dedicación y perseverancia.

Además, no les interesa obtener las calificaciones más altas ni ser mejores que los demás estudiantes, más bien, quieren tener la satisfacción de llevar su potencial de crecimiento al límite. Ya sea que se trate de algún deporte o de la música, de escribir o de dibujar, practican sin descanso y son conscientes de que solo a través de la práctica, y el fracaso ocasional, pueden potenciar sus habilidades.

Las personas con mentalidad de crecimiento aprovechan cada oportunidad para aprender los mejores trucos de un campo. Reconsideran y descartan estrategias usadas en el pasado, y están siempre pensando en cómo pueden superar sus fallas y debilidades.

En sus relaciones, motivan a sus parejas a continuar aprendiendo y trabajando. Cuando practican un deporte, lo hacen sabiendo que son parte de un equipo. Cuando dirigen un negocio, muestran respeto a sus empleados, agradecen su trabajo y les piden sus opiniones honestas sobre diferentes aspectos, sin importar cuán mala sea la verdad. Las personas con mentalidad de crecimiento están abiertas a recibir los problemas y los ven como desafíos, no como obstáculos imposibles de superar. Ponen toda su energía en mejorar a nivel personal y mejorar el mundo que les rodea.

El crecimiento y el desarrollo son posibles para la mentalidad de crecimiento.

 

Las personas con mentalidad fija buscan aprobación; aquellas con mentalidad de crecimiento buscan desarrollo.

Lee Iacocca se convirtió en director ejecutivo de Chrysler Motors cuando la empresa estaba a punto de colapsar. Gracias a su rápida toma de decisiones y su buen trato con los empleados, logró poner de pie nuevamente a la empresa.

Pero, luego, su comportamiento cambió de forma radical. Comenzó a dormirse en los laureles, a presumir su superioridad y a poner más energía en su propia imagen que en el bienestar de la empresa. Su principal objetivo ahora era buscar la aprobación de los demás.

Iacocca muestra una clara mentalidad fija. Al igual que él clasifica a los demás como “buenos” o “malos”, cree que los demás lo analizan y lo etiquetan como ganador o perdedor. Y, como quiere ser un ganador, intenta aparentar ser lo más inteligente y talentoso posible, en lugar de buscar formas de mejorar la empresa.

En el extremo opuesto, está el ejemplo de Lou Gerstner, quien tomó el mando de IBM justo cuando la empresa estaba por quedar patas para arriba. En un entorno lleno de mentalidades fijas, la empresa estaba derrochando energía en desacuerdos internos, en lugar de enfocarse en el servicio y el trabajo en equipo. Todos intentaban hacer lo mejor para su beneficio y, por ende, la empresa no satisfacía las necesidades de los clientes.

Para cambiar esto, Gerstner rompió las jerarquías de la empresa e hizo hincapié en el trabajo en equipo al recompensar a los empleados que ayudaban a sus compañeros. También abrió líneas de comunicación en toda la empresa y se puso al mismo nivel que sus empleados. Esto le permitió establecer contacto personal con tantos empleados como fuera posible en un corto período de tiempo.

La mentalidad de crecimiento de Gerstner le permitió crear un entorno de trabajo nuevo basado en el trabajo en equipo y en el desarrollo. El enfoque pasó del éxito individual al desarrollo compartido. Basándose en este concepto, pudo conseguir el éxito duradero en IBM.

Las personas con mentalidad fija buscan aprobación; aquellas con mentalidad de crecimiento buscan desarrollo.

 

La mentalidad fija cree que los fracasos son un desastre; la mentalidad de crecimiento, en cambio, cree que son oportunidades.

El fracaso tiene resultados drásticos para las personas con mentalidad fija. Tomemos el ejemplo del golfista Sergio García. En sus momentos de mala racha, despedía a un cadi tras otro en un ataque de ira. En una ocasión, incluso culpó a sus zapatos, después se los quitó y se los arrojó a un transeúnte inocente en un momento de frustración.

Las personas con mentalidad fija no creen en que pueden aprender de sus errores. Creen que un solo fracaso es evidencia de que serán perdedores toda la vida: una derrota elimina y desvaloriza todos los éxitos del pasado.

Para conservar la poca seguridad que les queda, las personas con mentalidad fija ponen excusas, hacen trampa o pierden el interés y miran para otro lado. No buscan ayuda ni analizan sus debilidades, y ciertamente no intentan mejorar con la práctica. Se consideran un producto finalizado, no un proceso continuo.

Incluso el miembro del salón de la fama del básquetbol, Michael Jordan, tuvo períodos en su carrera en los que no encestó todos los balones que tocó. Erró unos buenos 26 tiros potencialmente ganadores. Sin embargo, en lugar de enterrar la cabeza en la arena, practicó los tiros que había perdido una y otra vez. Al final de su carrera, contaba con las mejores técnicas de tiro a cesto que cualquier otra persona en la cancha.

Michael Jordan tenía una clara mentalidad de crecimiento. En lugar de buscar fallas en sus compañeros de equipo o el piso de la cancha, buscó formas de mejorar sus propias habilidades y su propio juego.

Analizó sus errores, practicó aún más que antes y escuchó los consejos de los demás. Creía con firmeza que podía transformar sus derrotas en victorias, siempre y cuando se esforzara lo suficiente.

La mentalidad fija cree que los fracasos son un desastre; la mentalidad de crecimiento, en cambio, cree que son oportunidades.

 

Las personas con mentalidad fija evitan las dificultades; aquellas con mentalidad de crecimiento les sacan provecho.

Hay muchas cosas en la vida que solo podemos lograr con esfuerzo. Aun así, cuando las personas con mentalidad fija se enfrentan a una situación difícil, lo único que ven son riesgos: mientras más tiempo y energía inviertan en algo, menos excusas podrán tener si fallan. Además, creen en el gran poder del talento natural: las personas dotadas no deberían tener que esforzarse tanto.

Esta forma de pensar hace que sea imposible para las personas con mentalidad fija mejorar sin cuestionar su propio talento y, entonces, evitan las situaciones difíciles. No quieren hacer el ridículo.

La violinista Nadja Salerno-Sonnenberg mostraba este tipo de comportamiento. A los 10 años ya era aclamada por la crítica. A los 18, sostenía el violín de forma incorrecta y tenía los dedos rígidos. Cada vez que intentaba aprender algo nuevo, tenía tanto miedo de fallar que dejó de llevar su violín a clases y evitaba tocar.

Si el actor Christopher Reeve hubiese tenido este tipo de mentalidad, habría quedado paralizado por completo desde el cuello hasta los pies para toda la vida, tal como lo predijeron los médicos después de su accidente. Sin embargo, él tenía una mentalidad de crecimiento: en vez de aceptar de forma pasiva su destino, tomó control de la situación.

Así que se sometió a un arduo programa de entrenamiento y luego sucedió lo imposible. En contra de todos los diagnósticos, movió las manos, luego las piernas y, finalmente, toda la parte superior del cuerpo.

Los desafíos son para las personas con mentalidad de crecimiento una oportunidad para realizar acciones con propósito. Cuanto más abatidas están, más energía ponen en luchar y reescribir su destino. Como Reeve, luchan por hacer posible lo imposible.

Las personas con mentalidad fija evitan las dificultades; aquellas con mentalidad de crecimiento les sacan provecho.
 


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