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Una tierra prometida de Barack Obama, resumen del libro

Las primeras memorias de Barack Obama, el 44º presidente de los Estados Unidos
by The Blinkist Team | Feb 22 2023

En este resumen del popular libro Una tierra prometida de Barack Obama te presentamos las ideas principales de este clásico best-seller.

 

Sinopsis

Una tierra prometida (2020) es el primer volumen de las memorias de Barack Obama, el presidente número 44 en la historia de los Estados Unidos. En esta autobiografía se narra el camino recorrido por Obama, desde el adolescente rebelde de Honolulu hasta convertirse en líder comunitario en Chicago y una de las figuras más queridas y que generó más controversia en la historia estadounidense.
 

¿A quién está dirigido?

A cualquier persona que quiera entender la política estadounidense moderna

A los amantes de las biografías profundas

A aquellos que quieran aprender la estrategia del Obama universitario para conquistar chicas
 

Acerca del autor

Barack Obama es el presidente número 44 de los Estados Unidos de América y el primer hombre de color elegido para ocupar el más alto cargo de la nación. Sus otros libros, Los sueños de mi padre y La audacia de la esperanza, son best sellers internacionales y se han traducido a docenas de idiomas.
 

¿Qué beneficios ofrece? Echar un vistazo a la vida y la carrera del presidente número 44 de los Estados Unidos de América.

Corre el año 2000. En Los Ángeles, la Convención Nacional Demócrata está por comenzar y Barack Obama tiene una semana movida. Por un lado, acaba de tener la peor derrota en su corta vida política, una paliza de 30 puntos contra el actual titular demócrata de la Cámara de Representantes. Para empeorar las cosas, cuando aterriza en Los Ángeles, la agencia de alquiler de automóviles rechaza su tarjeta American Express porque había superado su límite de crédito. Y cuando finalmente llega a la convención, consideran que sus credenciales son sospechosas y ni siquiera lo dejan entrar a la sala de convenciones. La frutilla del postre fue que le negaran la entrada a la sofisticada fiesta de cierre del evento. En ese momento, Obama decide renunciar y se va al aeropuerto.

Este podría haber sido el final de la historia de Obama. Por ese entonces, no era más que un modesto senador del estado de Illinois. Pero tenía más que una deuda de tarjeta de crédito y muy poco renombre para asistir a esa fiesta en Los Ángeles: tenía el sueño de unir a los estadounidenses de diferentes ideas políticas y distintos orígenes raciales y socioeconómicos. Estuvo cerca de renunciar en el 2000. Pero no lo hizo. En cambio, cuatro años después, en la siguiente Convención Nacional Demócrata, pronunció el discurso de apertura. Y cuatro años más tarde se convirtió en el primer hombre negro en aceptar la candidatura a presidente por el partido Demócrata.

Pueden imaginarse el resto de la historia. Pero el verdadero camino de Obama, desde una infancia común y corriente en Honolulu, Hawái, salpicada por el consumo de drogas y notas mediocres en la escuela, hasta liderar la Sala de Situación como el primer presidente negro y ordenar el asalto que terminó en la muerte de Osama Bin Laden, está más lleno de dudas, compromisos y confusión de lo que la mayoría de la gente podría imaginar. Estos blinks ofrecen una mirada singular de los pensamientos más íntimos de Obama a lo largo de su vida, desde su más tierna infancia hasta el año 2011.

En estos blinks, aprenderán

exactamente qué tipo de mujeres estaba tratando de conquistar Obama al alardear de sus conocimientos sobre Foucault y Marx;

cuántos cigarrillos fumaba Obama por día en la Casa Blanca y qué lo hizo dejar de fumar; y

el comentario malicioso que Mitch McConnell le hizo a Joe Biden en el recinto del senado, y que Biden nunca olvidó.
 

Un despertar político

Barack Hussein Obama era un niño bastante bueno. Nació en 1961 y creció con su madre y sus abuelos en Honolulu, Hawái. Pero ni su madre ni sus abuelos imaginaron alguna vez que terminaría ocupando un cargo público, y mucho menos, que se convertiría en presidente. Como estudiante no fue sobresaliente, si bien fue un jugador de baloncesto aceptable. En realidad, solo le interesaba salir de fiesta.

Pero en algún momento en la escuela secundaria comenzó a hacerles preguntas a sus abuelos que no podían responder, como ¿por qué la mayoría de los jugadores profesionales de baloncesto eran negros, pero ninguno de los entrenadores era negro? ¿Por qué las personas que su madre consideraba buenas y decentes tenían tantos problemas financieros? Para responder estas preguntas, recurrió a los libros.

Ese voraz hábito de la lectura le permitió tener desarrollado un cierto sentido de la política cuando llegó al Occidental College, en Los Ángeles, en 1979. En la universidad siguió leyendo, pero principalmente para impresionar a las chicas. Leyó a Foucault para relacionarse con una elegante bisexual que vestía toda de negro. Estudió a Marx para cautivar a una enérgica socialista de la residencia universitaria. No logró mucho con las chicas, pero a través de la lectura descubrió algunas cosas sobre teoría política.

Cuando pasó a la Universidad de Columbia, se obsesionó con la idea de la política en la práctica. Con tanta actividad política no era muy divertido pasar el rato con él. Y los pocos amigos que tenía no dudaron en decírselo. Pero no tenía problema con quedarse solo con sus ideas. Solo necesitaba un lugar donde ponerlas en práctica.

Después de graduarse, consiguió trabajo en Chicago, con un grupo que intentaba estabilizar la situación de las comunidades perjudicadas por los cierres de las plantas siderúrgicas. Con este trabajo sacó de una vez por todas su cabeza de los libros de teoría. Tenía que escuchar a personas reales y sus problemas reales. El trabajo también lo ayudó a entender su identidad como hombre negro de raza mestiza.

Aun así, no estaba satisfecho con lo que estaba haciendo. Los cambios sucedían con demasiada lentitud. Quería tener poder de decisión, preparar presupuestos y establecer políticas que tuvieran un impacto real en esas comunidades. Decidió solicitar su inscripción en la Facultad de Derecho de Harvard. Y fue aceptado. En otoño, se mudó a Boston para comenzar la siguiente etapa de su viaje.

Pero resulta que la experiencia de Obama en la facultad de Derecho se parecía mucho a su anterior experiencia universitaria. Pasaba todo el tiempo leyendo sobre educación cívica. Pero esta vez fue mejor recompensado por ello: lo eligieron director del Harvard Law Review, consiguió su primer contrato para escribir un libro y le llegaron ofertas de trabajo bien pagadas y de alto nivel.

Esto fue gratificante, pero Obama terminó tomando un camino diferente.
 

Un último intento

El primer momento realmente decisivo para Obama fue en el 2000. Su vida parecía ir bien: se había casado con Michelle, una abogada hermosa e inteligente de Chicago, y habían tenido una preciosa hija, Malia. Había aceptado dos trabajos en Chicago, donde ejercía como abogado y era docente de Derecho. También tuvo la oportunidad temprana de postularse para el Senado estatal, una carrera que ganó dos veces.

Pero no era suficiente para él. A pesar de las protestas de Michelle de que lo necesitaba más tiempo presente en casa, decidió postularse para la Cámara de Representantes, contra un titular popular en funciones. Fue un movimiento audaz. Y las cosas no salieron como las había planeado. Perdió por 30 puntos.

Analizando con detenimiento sus elecciones, se dio cuenta de que no le gustaba el rumbo que estaba tomando su vida. Después de todo, en un rapto de arrogancia había decidido participar en una carrera que no podía ganar. Peor aún, estaba defraudando a su joven familia.

Sin embargo, no se forzó a alejarse por completo de la política. Seguía creyendo en su sueño de unir a los estadounidenses de diferentes ideas políticas y distintos orígenes raciales y socioeconómicos. El problema era que este tipo de política sencillamente no se adaptaba a las carreras locales. Lo que tenía que hacer era impulsar su candidatura a nivel nacional, postulándose al Senado. Así que decidió intentarlo una vez más. Si volvía a fallar, abandonaría la política sin remordimientos. Michelle le dio su bendición a regañadientes.

Esta vez, Obama encontró un arma secreta: David Axelrod, un periodista que se había convertido en consultor político-mediático. Axe sabía que Obama tenía un mensaje persuasivo; solo necesitaba transmitirlo de manera más eficaz. La influencia de Axe pronto rindió sus frutos: antes incluso de que Obama anunciara su candidatura, un discurso en el que se pronunciaba en contra de la guerra de Irak se volvió viral en los blogs y en MySpace. No es que él supiera lo que eso significaba; necesitaba la ayuda de su joven equipo de campaña para comprender el mundo en línea.

Su impulso creció. Llovieron pequeñas donaciones y aparecieron voluntarios. Obama y su equipo se dieron cuenta de que habían aprovechado algo: sus discursos hablaban de los problemas reales de la gente y su candidatura reflejaba una esperanza que algunos estadounidenses consideraban extinguida.

Antes de las elecciones, se le presentó la oportunidad de su vida. Lo invitaron a dar el discurso de apertura en la Convención Nacional Demócrata de 2004. Recostado en la cama de su habitación de hotel en Springfield, Illinois, escribió su discurso en un bloc de notas amarillo. Trató de resumir la política que había estado buscando

desde la universidad, nutriéndose de las lecciones que había aprendido de sus padres y abuelos. Se decidió por una frase que recordaba de su pastor en Chicago: la audacia de la esperanza.

Fue un momento fundamental en su carrera, la última vez que pudo entrar en una habitación sin ser reconocido. Unas semanas más tarde, fue electo senador, tras ganar por una abrumadora mayoría.


Si quieres disfrutar de todas las ideas principales del libro Una tierra prometida de Barack Obama, ¡no esperes más! Haz clic en el siguiente link para acceder al resumen completo.

 

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