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El mito del carisma de Olivia Fox Cabane, resumen del libro

Cómo cualquiera puede dominar el arte y la ciencia del magnetismo personal
by The Blinkist Team | Jun 21 2023

En este resumen del popular libro El mito del carisma de Olivia Fox Cabane te presentamos las ideas principales de este clásico best-seller.

 

Sinopsis

El mito del carisma (2013) desafía la idea generalizada de que el carisma se hereda y sostiene, en cambio, argumenta que todo el mundo puede cultivar su carisma y, al hacerlo, adoptar una actitud más positiva, tener más éxito y afrontar los obstáculos con mayor eficacia.

Con una amplia gama de ejemplos de personas carismáticas, desde jefes de estado y directores de empresa hasta empleados, el libro también describe los distintos estilos de carisma y cómo practicar el uso de cada uno, y ofrece herramientas y ejercicios útiles para mejorar el bienestar emocional.

 

¿A quién está dirigido?

  • A quien desee saber en qué consiste el carisma.
  • A todo aquel que quiera aprender a ser más carismático.

 

Acerca de la autora

Olivia Fox Cabane es experta en carisma y liderazgo. Actualmente es directora de Liderazgo Innovador en el programa StartX de la Universidad Stanford y ha colaborado con los líderes de empresas de la lista Fortune 500 para ayudarlos a ser más persuasivos, influyentes e inspiradores. Olivia, a menudo, se presenta en medios como el New York Times, Bloomberg y The Wall Street Journal. También escribe regularmente en Forbes.

 

El carisma es bueno para ustedes: los dirige hacia el éxito en todas las áreas de su vida.

Las personas carismáticas tienen grandes repercusiones en los demás. Son encantadoras, persuasivas y admirables, todo sin ningún esfuerzo aparente. También llevan vidas más exitosas. En comparación con los individuos promedio, las personas carismáticas son más atractivas, ganan más dinero y están menos estresadas.

No sorprende, pues, que el carisma les dé una ventaja en el mundo de los negocios. El carisma hace que les caigan bien a las personas, les inspiren confianza y las motiven a seguirlos. Ya sea que estén por solicitar un nuevo empleo o por avanzar en el actual, el carisma puede ayudarlos a destacarse.

De hecho, los estudios han revelado que los compañeros de trabajo de las personas carismáticas valoran mucho su desempeño laboral. Un investigador observó que los seguidores de líderes carismáticos estaban muy comprometidos con la misión de estos y que, a menudo, excedían sus tareas oficiales e incluso hacían grandes sacrificios en su vida personal.

Pero el carisma no solo es favorable en los negocios, también puede servir en otras profesiones y en la educación.

Por ejemplo, puede ayudar a los estudiantes de escuelas secundarias a destacarse en las entrevistas universitarias de admisión o a ganar elecciones estudiantiles. También los ayuda a adquirir confianza social, lo que los vuelve más populares entre sus compañeros.

En relación con los profesionales, a los académicos carismáticos se les facilita mucho financiar y publicar sus investigaciones, y enseñar los cursos que desean. Asimismo, los médicos carismáticos son muy populares entre sus pacientes, quienes suelen seguir sus consejos y no demandarlos, si algo sale mal.

Podemos ver los beneficios del carisma también fuera del ámbito profesional. Las madres que se quedan en su casa, por ejemplo, deben cautivar e influenciar a toda clase de personas: sus hijos, maestros de primaria y otros miembros de la comunidad.

El carisma, pues, es importante para todo el mundo, no solo para los líderes o las personas de negocios. Desde las madres que se quedan en su casa hasta los estudiantes y médicos, el carisma puede ayudar a las personas a llevar vidas más felices, saludables y exitosas. Y lo bueno es que cualquier persona puede ser carismática. ¿Cómo? Sigan leyendo para descubrirlo.

El carisma es bueno para ustedes: los dirige hacia el éxito en todas las áreas de su vida.

 

Hay que desmentir el mito del carisma: no se hereda, sino que es un conjunto de comportamientos que cualquier persona puede aprender.

Pese al popular mito del carisma, las personas no nacen con carisma, si bien algunas parecen naturalmente magnéticas.

Si esos individuos fueran carismáticos natos, serían cautivadores siempre, sin excepción. Pero nadie es carismático las 24 horas del día. Algunos pueden ser absolutamente carismáticos un día y al siguiente ser aburridos por completo. Esto se debe a que el carisma no es una especie de aura mágica, sino una consecuencia de ciertos comportamientos de la persona.

Estos comportamientos no son verbales, sino se trata del lenguaje corporal. Si, en un momento dado, parecemos carismáticos, es porque nuestro lenguaje corporal está expresando carisma. Por ese motivo, nuestros niveles de carisma varían: una misma persona algunas veces puede parecer carismática y otras veces no.

Pensemos, por ejemplo, en la famosamente carismática Marilyn Monroe, que podía cambiar a voluntad entre sus personalidades de “Marilyn” y “Norma Jean”. En una ocasión, “Norma Jean” logró viajar en el metro sin que los demás pasajeros la reconocieran. Cuando resurgió en las calles neoyorquinas, se transformó en “Marilyn”. ¿Cómo? Simplemente alterando su lenguaje corporal: arreglándose el peinado y adoptando cierta postura. Todas las miradas se clavaron en ella de inmediato.

¿Por qué, entonces, es tan popular el mito del carisma? La razón es que experimentamos solo el efecto de una persona carismática. Lo que no vemos es el tiempo y el esfuerzo que esas personas invierten en aprender el comportamiento carismático.

Muchas celebridades carismáticas trabajaron mucho para aprender ese comportamiento, hasta que por fin se convirtió en algo instintivo. Una persona así era Steve Jobs, quien, al principio, parecía muy incómodo en las entrevistas. Con los años, se las arregló para aumentar poco a poco su carisma, hasta convertirse al fin en el Steve Jobs que admiramos: el hombre que mantenía al público pendiente de cada una de sus palabras.

Como pueden ver, todo el mundo puede ser carismático simplemente aprendiendo, practicando y perfeccionando los comportamientos adecuados. Ahora veremos esos comportamientos en detalle.

El mito del carisma: no se hereda, sino que es un conjunto de comportamientos que cualquier persona puede aprender.

 

El carisma es, sobre todo, lenguaje corporal y este comienza en la mente.

En todo momento, ustedes sin querer envían señales que quienes los rodean perciben de manera subconsciente: su lenguaje corporal.

Les guste o no, su lenguaje corporal revela su estado emocional. La ansiedad, por ejemplo, produce una microexpresión en el rostro y los observadores perciben en ella que algo anda mal.

Por otra parte, los demás perciben otras señales como carismáticas y, por fortuna, ustedes pueden adoptar un estado emocional que las producirá.

Sin embargo, como no podemos controlar conscientemente todas las microexpresiones, no podemos transmitir un lenguaje corporal carismático a voluntad. Por ejemplo, si están genuinamente felices, su sonrisa lo refleja: las comisuras de los labios se levantan y los extremos interiores de las cejas descienden. Pero si la felicidad no es genuina, sonríen solo con la boca; los ojos no expresan felicidad y la sonrisa parece falsa: una sonrisa social. Las personas perciben la diferencia sin ninguna dificultad.

Pero, si no podemos controlar directamente el lenguaje corporal, ¿cómo podemos desarrollar el carisma? La solución es controlar indirectamente nuestro lenguaje corporal influenciando la parte de la mente que controla las señales no verbales: el subconsciente.

Como el cerebro no distingue entre imaginación y realidad, solo al imaginar una situación, el cerebro envía al cuerpo las mismas instrucciones que si la situación fuera real. Por lo tanto, si crean un estado interno carismático, su lenguaje corporal mostrará el carisma de manera auténtica. En consecuencia, los demás los percibirán como carismáticos.

Es un proceso parecido al conocido efecto placebo. El placebo es un tratamiento médico simulado: se hace creer a los sujetos de estudio que han recibido el tratamiento cuando, en realidad, no lo recibieron y esto puede tener un efecto favorable. Asimismo, crear un estado interno carismático los hará comportarse de manera carismática.

Crear el estado interno adecuado es fundamental para expresar el carisma por medio del lenguaje corporal. Y también explica el siguiente elemento clave del carisma:

la presencia.

El carisma es, sobre todo, lenguaje corporal y este comienza en la mente.

 

El carisma exige presencia, una aptitud que los destaca, pero que es difícil de lograr.

Hay muchas maneras de parecer carismático, pero la principal es la presencia: ser consciente de lo que sucede en cada momento. En las interacciones sociales, esto supone estar con la otra persona por completo y escucharla con atención.

Si están plenamente presentes con los demás, parecerán carismáticos e infundirán confianza, entendimiento mutuo y lealtad. Si no están presentes, es probable que la persona con quien interactúan lo advierta y no se sienta bien emocionalmente. Como expresó una persona, interactuar con alguien que no estaba presente la hizo sentir resentida e inferior a “lo que fuera que le importaba más que nuestra conversación”.

Queda claro que estar presente es parte esencial del carisma. Pero no es para nada fácil.

Lo anterior se debe a que nuestro cerebro está configurado para dedicar toda la atención a estímulos que pueden ser importantes, como nuevas imágenes, sonidos u olores. Esta inclinación, que fue clave para la supervivencia de nuestros antepasados, genera que nos distraigamos fácilmente.

Nuestra sociedad empeora el problema ofreciendo distracciones sin fin y la estimulación constante a la que nos somete puede llevarnos a un estado de déficit de atención constante, en el que no podemos dedicar toda nuestra atención a una sola cosa. Un estudio reveló que la persona promedio dedica casi la mitad de su tiempo a divagar, es decir, pensar en algo distinto de lo que está haciendo en un momento dado. De hecho, la única tarea que mantenía bastante concentradas a las personas era la actividad sexual.

Pero, si logran estar presentes, se distinguirán del resto y harán sentir especiales a las personas que se encuentren a su alrededor. Basta una conversación de cinco minutos con un desconocido para impresionarlo y crear un vínculo. Las personas percibirán su atención plena y sentirán que, en ese momento, son lo más importante del mundo para ustedes.

La capacidad de estar presente los hace tan carismáticos que pueden establecer un vínculo emocional con otra persona en solo cinco minutos.

A continuación, aprenderán a dominar dos elementos clave del carisma: el poder y la calidez.

El carisma exige presencia, una aptitud que los destaca, pero que es difícil de lograr.

 

El carisma supone ser poderoso y cálido, es decir, estar dispuestos a usar su poder por los demás.

La supervivencia humana siempre ha dependido de hallar personas que sean poderosas y amables. En una situación de peligro, necesitamos saber qué personas estarían dispuestas a ayudarnos y tendrían el poder de hacerlo.

En especial en el pasado, encontrar a esas personas suponía la diferencia entre la vida y la muerte. Imagínense que tuvieran un amigo lo bastante fuerte físicamente para rescatarlos de un tigre dientes de sable o un amigo rey para salvarlos de la ejecución.

Subconscientemente consideramos muy favorable la combinación de poder y calidez, por lo que buscamos signos de esta combinación en los demás y procuramos tener como amigos a quienes la poseen.

De hecho, la combinación de poder y calidez es una condición necesaria del carisma. Una persona poderosa, pero no cálida quizá sea impresionante, mas no necesariamente carismática. Incluso podría parecer arrogante o fría. Y una persona cálida, pero sin poder quizá resulte agradable, mas no carismática. Más bien podría parecer demasiado entusiasta y servicial.

Comparemos, por ejemplo, a los dos candidatos a primer ministro del Reino Unido en 1868, William Gladstone y Benjamin Disraeli. Ambos proyectaban poder, inteligencia y conocimiento. Una mujer que cenó con cada uno por separado comentó cómo la había impresionado Gladstone con su poder, pero le pareció que carecía de calidez, mientras que Disraeli transmitía presencia y calidez, además de poder, lo que hizo sentir especial y fascinante a su compañera de mesa.

La mujer dijo más tarde: “Después de cenar con el señor Gladstone, pensé que era la persona más inteligente de Inglaterra. Pero después de cenar con el señor Disraeli, pensé que yo

era la persona más inteligente de Inglaterra”. No nos sorprende, pues, que Disraeli ganara la elección.

Mostrar no solo poder, sino también calidez es fundamental para transmitir carisma. Llevar esto a la práctica depende de su estilo personal de carisma, como se aborda en el siguiente blink.

El carisma supone ser poderoso y cálido, es decir, estar dispuestos a usar su poder por los demás.

 

Hay varios estilos de carisma. Cada persona tiene que encontrar el más idóneo para sí misma.

No todas las personas son carismáticas del mismo modo y, dependiendo de la situación, se requieren distintas clases de carisma.

Hay cuatro estilos de carisma:

El carisma de atención transmite a los demás que ustedes están plenamente presentes. Un buen ejemplo es Bill Clinton.

El carisma visionario inspira a las personas o las hace creer en algo, en gran medida como lo hacía Steve Jobs.

El carisma de bondad hace sentir a los demás que son vistos y aceptados; un ejemplo es el dalái lama.

Por último, el carisma de autoridad hace creer a los demás que ustedes pueden transformarles la vida.

¿Cómo eligen el adecuado? Depende de tres aspectos: su personalidad, sus metas y la situación.

Cuando elijan un estilo, no vayan contra su personalidad natural, pues podría ser contraproducente. Por ejemplo, en las elecciones estadounidenses de 2004, John Kerry “simplificó” su carisma intelectual centrado para tratar de ser más accesible. La estrategia fracasó. Alejó a aquellos a quienes les gustaba su personalidad original y lo hizo parecer falso.

En lo que respecta a las metas, consideren cómo quieren que los demás se sientan y les respondan. Por ejemplo, si darán una mala noticia, la bondad es la mejor opción, ya que hace sentir a la otra persona más tranquila para aceptar la noticia. El uso de la autoridad en este caso no funcionaría porque podrían sonar arrogantes o crueles.

Pueden adaptar los estilos a la situación combinándolos o alternándolos. Es un talento de las personas muy carismáticas. Si deciden probar nuevos estilos, háganlo solo en situaciones donde haya poco que perder. Por ejemplo, prueben expresar bondad en un evento de networking de bajo perfil, pero no prueben el carisma visionario por primera vez en una presentación importante.

No existe un estilo de carisma con aplicación universal. Deben encontrar el que más les convenga. Pero, sin importar el estilo que elijan, no hay una manera clara e infalible de parecer carismático… como lo descubrirán en el siguiente blink.

Hay varios estilos de carisma. Cada persona tiene que encontrar el más idóneo para sí misma.

 

La parte más importante de ser considerado carismático es causar una primera impresión adecuada.

Todos tendemos a recordar las primeras experiencias; por ejemplo, cuando vimos por primera vez a una persona. Esto implica que las primeras impresiones son muy importantes, sobre todo porque solo tenemos una oportunidad de causar la mejor impresión posible.

Para causar una primera impresión excelente, deben hacer sentir a los demás que se parecen a ellos.

Las personas se sienten más cómodas con quienes actúan como ellas y se les parecen, pues asumen que tienen mucho en común: entornos sociales, educación y valores. La autora aprendió esto por las malas cuando asistió vestida con un traje negro formal a una presentación en una empresa de vestimenta informal y le dijeron que se quitara el traje.

La misma norma se aplica a la conducta y al lenguaje. Por ejemplo, una analista financiera tenía dificultad para relacionarse con su jefe, un hombre brusco tipo militar que usaba metáforas de guerra en la conversación. Pero cuando ella empezó a adoptar el mismo lenguaje militar y hablaba, por ejemplo, de “soldados leales”, su relación mejoró rápidamente.

Después de causar una primera impresión favorable en alguien, esta marcará el tono de la relación. Esto se debe a que, como cree el economista John Kenneth Galbraith, buscamos reafirmar nuestras primeras impresiones y no rectificarlas.

Y las primeras impresiones, a menudo, suelen resultar acertadas: en un estudio se observó que después de mirar una sola fotografía, los sujetos del estudio podían juzgar correctamente la mayoría de los rasgos de personalidad de la persona fotografiada (por ejemplo, su extroversión o escrupulosidad).

Por lo tanto, comiencen el primer encuentro elogiando a la otra persona o haciéndole preguntas abiertas, y hablen sobre temas positivos. A la hora de terminar el encuentro, intenten de nuevo dejar a la otra persona con sentimientos favorables.

Por último, no subestimen el apretón de manos, ya que requiere confianza, por lo que es un paso importante hacia la intimidad. Por ejemplo, si un director general de empresa está considerando a dos candidatos igual de capaces para un empleo, el apretón de manos puede ser el factor decisivo.

Causar una primera impresión excelente depende de prestar atención a los demás. Averigüemos ahora cómo superar algunos obstáculos comunes que nos impiden ser carismáticos.

La parte más importante de ser considerado carismático es causar una primera impresión adecuada.

 

Ser carismático implica superar la incomodidad emocional y física.

La incomodidad, ya sea física o mental, puede afectar su desempeño y sus emociones, así como la percepción que los demás tienen de ustedes.

Si tienen hambre, por ejemplo, es probable que su pensamiento se nuble y la falta de azúcar en sangre puede reducir la atención y el control de las emociones. Si la incomodidad se percibe en su lenguaje corporal, esto puede afectar su actitud carismática.

Pensemos, por ejemplo, en Tom, un asesor cuya elección de la vestimenta para reunirse con un cliente casi le hace perder un acuerdo de 4 millones de dólares. Llevaba un traje negro de lana, pero, el día de la reunión, hacía calor y le tocó sentarse donde daba el sol directo. Se pasó la reunión ajustándose nerviosamente el cuello de la camisa y entrecerrando los ojos porque le daba el sol. Este comportamiento le transmitió al cliente enojo, desaprobación e inseguridad. Naturalmente, el cliente empezó a dudar de la aptitud de Tom.

La incomodidad emocional, como la ansiedad o la autocrítica, puede tener los mismos efectos. Tom había pasado el tiempo previo a la reunión preocupado por los posibles resultados. Como era de esperar, se puso ansioso y esto se transmitía en su lenguaje corporal. Por lo general, no afrontamos bien la incertidumbre. Nos pone tensos y nos impide estar presentes, lo que perjudica nuestro carisma.

En consecuencia, estas son tres maneras de contrarrestar la incomodidad: prevenir, reconocer y remediar o explicar.

Prevenir significa garantizar la comodidad al planificar con anticipación. En el caso de Tom, podría haber elegido un lugar más adecuado para su reunión de negocios y un atuendo más acorde con las condiciones atmosféricas.

Reconocer tiene que ver con estar presente. Cuanto más presentes estén, más conscientes serán de su lenguaje corporal. Si Tom hubiera estado totalmente presente, habría reconocido que su comportamiento parecía sospechoso.

Y cuanto más conscientes estén, más fácil será remediar o explicar el problema. Cuando el sol le dio a Tom en los ojos, podría haber hecho una pausa para proponer que cambiaran de lugar y explicar que le molestaba el sol.

Identificando y superando los obstáculos de la incomodidad, darán un paso importante hacia el carisma.

Otra manera excelente de lidiar con los obstáculos, sobre todo los emocionales como la autocrítica y la vergüenza, es desdramatizar, como veremos a continuación.

Ser carismático implica superar la incomodidad emocional y física.


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